Título del
proyecto: Antilugar #2
Subtítulo:
Fuera del espacio (Dentro del espacio)
Objetivo general:
- Generar un montaje instalativo que posibilite la
contemplación de un evento escultórico cíclico (escultura cinética), asi como
la movilidad del espectador en dicho espacio.
Particulares:
- Inducir un estado de silencio en el espectador,
inclusive cierto grado de tensión que pueda prolongarse indefinidamente.
-
Descripción:
Este proyecto abarca los
aspectos de mi producción ligados al temprano interés por la tridimensionalidad.
La forma en la que ese interés se manifiesta no se reduce a la manufactura de
un objeto con movimiento automático, sino que pretende expandir la presencia de
ese objeto dentro de un espacio delimitado por cuatro paredes. De manera
específica, la pieza consiste en el emplazamiento de una estructura ferroviaria
de juguete por el piso, las paredes y el espacio contenido o vacío que esos
elementos determinan. En adelante me referiré a eso como escultura cinética, y
a su funcionamiento como evento escultórico.
Más adelante entraré
en detalles necesarios al respecto de la relación de carácter vivencial que
establezco entre los trenes y el juguete; asimismo, desarrollaré una exposición
de los nexos entre al evento escultórico y la reacción que busco generar, mismos
que constituyen el fundamento del nombre que le otorgo a la pieza.
El Antilugar #2 consiste en una estructura
de zinc, aluminio, plástico y madera, su forma corresponde a la de una cinta de Moebius multiplicada en el número de bucles: cuatro
bucles dispuestos y conectados de manera escalonada. A esta estructura está
integrado un sistema de vías de tren a escala, por el cual corren un par de
trenes uno detrás del otro, sin alcanzarse nunca. La forma de la estructura
supone un torcimiento dimensional, pues aunque se trate de
un objeto tridimensional, éste posee una sola cara. El recorrido de los trenes
sobre las vías se ve afectado por esta cualidad estructural, pues, en cierto
momento y debido al torcimiento del plano, uno de los trenes correría
normal, y el otro daría la apariencia de estar desafiando la ley de gravedad.
Este evento es lo que dota de sentido toda la instalación, pues en ese
torcimiento se ubica el nodo de tensión espacial que, al tiempo que evoca algo
imposible al poner literalmente de cabeza el funcionamiento de una
representación a escala de un tren, se presenta, también, como una
microcatástrofe que se repite hasta el cansancio.
La monotonía de la pieza es finalmente un comentario sobre el estado del mundo desde la modernidad, naturalmente proveniente de mi aproximación a las teorizaciones sobre el no-lugar y el espacio desde la perspectiva de autores como Foucault, Augé, y Sloterdijk, y artistas como Robert Smithson, Chris Burden y Gordon Matta Clark.
La monotonía de la pieza es finalmente un comentario sobre el estado del mundo desde la modernidad, naturalmente proveniente de mi aproximación a las teorizaciones sobre el no-lugar y el espacio desde la perspectiva de autores como Foucault, Augé, y Sloterdijk, y artistas como Robert Smithson, Chris Burden y Gordon Matta Clark.
Justificación:
Las razones que me
llevan a planear esta instalación son dos: por un lado, una fascinación quasi
vandálica por colocar piedras en las vías del tren con el fin de hacerlo
descarrilar – acontecimiento que nunca sucedió – motivada por una cólera adolescente que me ha
empujado a ubicar en la destrucción una fuente de cambio y un remedio contra el
aburrimiento; por otro lado, el espacio vacío, de tránsito, ahí donde el
que deambula en él es su propio espectáculo, ha sido una constante en mi trabajo
que me ha llevado a hacer una investigación sobre los orígenes de dichos
espacios, investigación cuyos resultados me llevan a ubicar en los trenes el
antecedente inmediato del no-lugar.
La pertinencia de
contribuír a una investigación aparentemente añeja como la del no-lugar se da
en función de una pulsión crítica que halla su nicho en una reflexión sobre la
inhabitabilidad de los espacios arquitectónicos modernos; relexión cargada de
un fuerte carácter vivencial, inevitablemente anecdótico.
Decido utilizar un
término casi hermético para nombrar la pieza por la necesidad de ser muy específico
en mi relación con la idea de no-lugar.
Si bien un no lugar
puede entenderse como un espacio físico, en el caso de un anti-lugar ha de pensarse
en un espacio imaginario y en cierta medida imposible. Un anti-lugar es más un
momento del proceso de configuración de
un espacio, situado en medio de la ruina y la edificación, y no el espacio en
sí.
El valor que le
otorgo al momento en el que las lógicas se invierten y donde la disminución se
adueña del espacio convirtiéndolo en algo que se desmorona está fundamentado
porque es justamente ese movimiento negativo el que puede producir el tipo de
silencio necesario para la contemplación de algo que me rebasa. Sin embargo,
ese momento es efímero, es un punto crítico en un proceso sin fin que no puede
ser contenido más que de manera metafórica. Poner un tren de juguete a andar de
cabeza me permite visualizar, en loop, ese momento de transformación que no
llega a ningún lado, precisamente porque ha sido aislado de un devenir que apunta
a la conclusión de un trayecto. Hay una paradoja ciertamenpe en la lógica del
anti-lugar, pues se trata de un momento en el que sucede algo sin que suceda
nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario