4 may 2012


Título del proyecto:  Antilugar #2
Subtítulo:  Fuera del espacio (Dentro del espacio)
Objetivo general:
-          Generar un montaje instalativo que posibilite la contemplación de un evento escultórico cíclico (escultura cinética), asi como la movilidad del espectador en dicho espacio.
Particulares:
-          Inducir un estado de silencio en el espectador, inclusive cierto grado de tensión que pueda prolongarse indefinidamente.
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Descripción:

Este proyecto abarca los aspectos de mi producción ligados al temprano interés por la tridimensionalidad. La forma en la que ese interés se manifiesta no se reduce a la manufactura de un objeto con movimiento automático, sino que pretende expandir la presencia de ese objeto dentro de un espacio delimitado por cuatro paredes. De manera específica, la pieza consiste en el emplazamiento de una estructura ferroviaria de juguete por el piso, las paredes y el espacio contenido o vacío que esos elementos determinan. En adelante me referiré a eso como escultura cinética, y a su funcionamiento como evento escultórico.
Más adelante entraré en detalles necesarios al respecto de la relación de carácter vivencial que establezco entre los trenes y el juguete; asimismo, desarrollaré una exposición de los nexos entre al evento escultórico y la reacción que busco generar, mismos que constituyen el fundamento del nombre que le otorgo a la pieza.

El Antilugar #2  consiste en una estructura de zinc, aluminio, plástico y madera, su forma corresponde a la de una cinta de Moebius multiplicada en el número de bucles: cuatro bucles dispuestos y conectados de manera escalonada. A esta estructura está integrado un sistema de vías de tren a escala, por el cual corren un par de trenes uno detrás del otro, sin alcanzarse nunca. La forma de la estructura supone un torcimiento dimensional, pues aunque se trate de un objeto tridimensional, éste posee una sola cara. El recorrido de los trenes sobre las vías se ve afectado por esta cualidad estructural, pues, en cierto momento y debido al torcimiento del plano, uno de los trenes correría  normal, y el otro daría la apariencia de estar desafiando la ley de gravedad. Este evento es lo que dota de sentido toda la instalación, pues en ese torcimiento se ubica el nodo de tensión espacial que, al tiempo que evoca algo imposible al poner literalmente de cabeza el funcionamiento de una representación a escala de un tren, se presenta, también, como una microcatástrofe que se repite hasta el cansancio.
La monotonía de la pieza es finalmente un comentario sobre el estado del mundo desde la modernidad, naturalmente proveniente de mi aproximación a las teorizaciones sobre el no-lugar y el espacio desde la perspectiva de autores como Foucault, Augé, y Sloterdijk, y artistas como Robert Smithson, Chris Burden y Gordon Matta Clark.



Justificación:
Las razones que me llevan a planear esta instalación son dos: por un lado, una fascinación quasi vandálica por colocar piedras en las vías del tren con el fin de hacerlo descarrilar – acontecimiento que nunca sucedió –  motivada por una cólera adolescente que me ha empujado a ubicar en la destrucción una fuente de cambio y un remedio contra el aburrimiento;  por otro lado,  el espacio vacío, de tránsito, ahí donde el que deambula en él es su propio espectáculo, ha sido una constante en mi trabajo que me ha llevado a hacer una investigación sobre los orígenes de dichos espacios, investigación cuyos resultados me llevan a ubicar en los trenes el antecedente inmediato del no-lugar.
La pertinencia de contribuír a una investigación aparentemente añeja como la del no-lugar se da en función de una pulsión crítica que halla su nicho en una reflexión sobre la inhabitabilidad de los espacios arquitectónicos modernos; relexión cargada de un fuerte carácter vivencial, inevitablemente anecdótico.
Decido utilizar un término casi hermético para nombrar la pieza por la necesidad de ser muy específico en mi relación con la idea de no-lugar.
Si bien un no lugar puede entenderse como un espacio físico, en el caso de un anti-lugar ha de pensarse en un espacio imaginario y en cierta medida imposible. Un anti-lugar es más un momento del proceso  de configuración de un espacio, situado en medio de la ruina y la edificación, y no el espacio en sí.
El valor que le otorgo al momento en el que las lógicas se invierten y donde la disminución se adueña del espacio convirtiéndolo en algo que se desmorona está fundamentado porque es justamente ese movimiento negativo el que puede producir el tipo de silencio necesario para la contemplación de algo que me rebasa. Sin embargo, ese momento es efímero, es un punto crítico en un proceso sin fin que no puede ser contenido más que de manera metafórica. Poner un tren de juguete a andar de cabeza me permite visualizar, en loop, ese momento de transformación que no llega a ningún lado, precisamente porque ha sido aislado de un devenir que apunta a la conclusión de un trayecto. Hay una paradoja ciertamenpe en la lógica del anti-lugar, pues se trata de un momento en el que sucede algo sin que suceda nada.


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