Existe cierta pugna en mi
interior que intenta revelarse mediante mitos y figuras, es en este sentido que
me apoyaré en Georges Bataille para señalar como ante este mundo civilizado que
solo representa el interés y la obligación del trabajo, es necesario contraponer un mundo perdido, el cual
se representa en mi producción como un animal cargado de inocencia y de crimen,
es por ello que es un monstruo.
Ahora bien, honestamente este
otro mundo monstruoso tampoco puede ser puesto en marcha libremente dado que
somos seres civilizados, siempre buscando coronarnos con los esfuerzos
sembrados de nuestra labor, empleados de nuestras propias conciencias, ESTO es
doloroso, pero es real. Es una
imposibilidad y un vacío. Es en este preciso instante que me ayuda Emile
Cioran, ya que él sabe a la perfección el camino del dolor, el dolor
conciencia, el dolor nirvana, el dolor que se contrapone a la cómoda vida útil,
ese dolor que une al cielo y la tierra, el dolor que calcina y revela; sin
embargo el hombre es un animal tan corrompido que no puede despreciar la
felicidad, eh ahí aún más dolor y aún más vacío.
Parece que el hombre ha ya
depositado su mayor esperanza en la ciencia, para mi es como si se hubiese
crecido hacia fuera, adornado con grandes barcos, trenes bajo el agua, gigantes
aviones portadores de máquinas cada vez más cercanas a la ciencia ficción, pero
en el interior el ser no ha crecido; por ello un hombre entero se debe concebir
más allá de un órgano servil, en este sentido un hombre con virilidad como lo
interpreto de Bataille, con una característica cínica y monstruosa capaz de
dotarle la potencia al hombre para ver que esta parado en el vacío y reírse
ante ello, reírse ante el dolor, no ser ya un juguete más del vacío sino jugar
con el vacío mismo.
Por último, al darme cuenta de que
todo lo que trato es sobre una pugna en mi cabeza en donde por instantes,
ángeles y demonios se llegan a confundir y no tengo más que exponer a mi propio
dolor y placer; se hace necesario hablar de Narciso, ahora apoyado en Máximo Cacciari,
ya que en este autor encuentro una interpretación especial donde no se muestra
a un Narciso ahogado en su egolatría, sino a un ser que esta en constante búsqueda
de su yo interno, buscándose en el espejo que solo muestra enigmas y en donde
este personaje se da cuenta que él es también una imagen. Esto para mi es
vital, ya que mis retratos de simios son un espejo borroso de mi, de ese monstruo
a veces inocente y a veces criminal, reflejos fastidiosos de un mundo
fragmentado.
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