22 may 2012


Existe cierta pugna en mi interior que intenta revelarse mediante mitos y figuras, es en este sentido que me apoyaré en Georges Bataille para señalar como ante este mundo civilizado que solo representa el interés y la obligación del trabajo, es necesario  contraponer un mundo perdido, el cual se representa en mi producción como un animal cargado de inocencia y de crimen, es por ello que es un monstruo.

Ahora bien, honestamente este otro mundo monstruoso tampoco puede ser puesto en marcha libremente dado que somos seres civilizados, siempre buscando coronarnos con los esfuerzos sembrados de nuestra labor, empleados de nuestras propias conciencias, ESTO es doloroso, pero es real.  Es una imposibilidad y un vacío. Es en este preciso instante que me ayuda Emile Cioran, ya que él sabe a la perfección el camino del dolor, el dolor conciencia, el dolor nirvana, el dolor que se contrapone a la cómoda vida útil, ese dolor que une al cielo y la tierra, el dolor que calcina y revela; sin embargo el hombre es un animal tan corrompido que no puede despreciar la felicidad, eh ahí aún más dolor y aún más vacío.

Parece que el hombre ha ya depositado su mayor esperanza en la ciencia, para mi es como si se hubiese crecido hacia fuera, adornado con grandes barcos, trenes bajo el agua, gigantes aviones portadores de máquinas cada vez más cercanas a la ciencia ficción, pero en el interior el ser no ha crecido; por ello un hombre entero se debe concebir más allá de un órgano servil, en este sentido un hombre con virilidad como lo interpreto de Bataille, con una característica cínica y monstruosa capaz de dotarle la potencia al hombre para ver que esta parado en el vacío y reírse ante ello, reírse ante el dolor, no ser ya un juguete más del vacío sino jugar con el vacío mismo.

Por último, al darme cuenta de que todo lo que trato es sobre una pugna en mi cabeza en donde por instantes, ángeles y demonios se llegan a confundir y no tengo más que exponer a mi propio dolor y placer; se hace necesario hablar de Narciso, ahora apoyado en Máximo Cacciari, ya que en este autor encuentro una interpretación especial donde no se muestra a un Narciso ahogado en su egolatría, sino a un ser que esta en constante búsqueda de su yo interno, buscándose en el espejo que solo muestra enigmas y en donde este personaje se da cuenta que él es también una imagen. Esto para mi es vital, ya que mis retratos de simios son un espejo borroso de mi, de ese monstruo a veces inocente y a veces criminal, reflejos fastidiosos de un mundo fragmentado. 

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